Aprende a evitar los textos robóticos y a usar la IA sin que destruya tu estilo.
Los textos generados por IA pueden ser una maravilla o un desastre absoluto. Si eres copywriter, redactora freelance o responsable de contenidos y alguna vez has leído algo que parece sacado de un manual de electrodomésticos de los 90, bienvenida al club. Y si te preguntas por qué la IA escribe mal o cómo hacer que la IA escriba bien, aquí te lo cuento. Vamos a ver cómo mejorar textos generados por IA para que no suenen robóticos ni genéricos. La buena noticia es que esto tiene solución.
El problema
Seamos realistas: lo que escupe la IA suele sonar a panfleto rancio o email corporativo sin alma. Pero no es culpa de la IA en sí, sino del uso que le damos.
Muchos textos generados son impersonales, repetitivos y aburridos. No conectan ni enganchan. Parecen escritos por un robot con traje que ha hecho un curso exprés de copywriting. Pero hay solución: hacer que la IA escriba como una persona real (o al menos, que no suene como un call center).
La IA tiende a producir textos neutros, sin personalidad, llenos de frases que podrían estar en cualquier parte. Algo así como:
«La inteligencia artificial ha cambiado la manera en que las empresas trabajan. Hoy en día, muchas marcas utilizan IA para optimizar procesos y mejorar la productividad.»
¿Traducción? Un batiburrillo de palabras que no dicen nada. Pero esto tiene arreglo.
Errores comunes y cómo evitarlos
Textos genéricos y sin alma
El problema: La IA genera respuestas neutras porque ha sido entrenada para no ofender ni arriesgarse.
Solución: Dale contexto y personalidad al prompt. No le pidas «Escríbeme un artículo sobre productividad». En su lugar, dile:
«Explícame cómo las mujeres que trabajan solas desde casa pueden gestionar mejor su tiempo sin quemarse.»
Cuanto más preciso, mejor.
Falta de estructura clara
El problema: La IA te da una sopa de palabras sin jerarquía, como si un becario hubiera pegado párrafos sueltos en un PowerPoint.
Solución: Organiza el contenido con lógica. Divide el texto en secciones claras: introducción, desarrollo y cierre. Usa subtítulos, listas y ejemplos para dar orden a la información.
Por ejemplo, si escribes sobre técnicas de concentración, estructura así:
- Introducción: Por qué es difícil concentrarse hoy día.
- Desarrollo: 3 técnicas concretas para mejorar tu concentración.
- Cierre: Cómo integrar estas técnicas fácilmente en tu día.
Exceso de formalidad o tono robótico
El problema:
Muchos modelos de IA han sido entrenados con textos corporativos rancios que suenan como un manual de instrucciones. Frases largas, excesivamente formales, redactadas como si quien las escribe temiera sonar demasiado humano. Es el típico texto que empieza con: «Estimado usuario, en la presente guía procederemos a detallar los aspectos fundamentales de…» y que te hace cerrar la pestaña antes de terminar la primera línea.
Solución:
Rompe con la rigidez. Usa un tono natural, como si le explicaras el tema a alguien en una conversación. Frases más cortas, menos estructura acartonada y más ritmo. No tengas miedo de que la IA suene demasiado casual: para eso estás tú, para equilibrarlo. Y, sobre todo, revisa siempre lo que te entrega. La IA puede ser una buena herramienta, pero si la dejas sola, terminarás con algo que suena a mensaje corporativo de aerolínea.
En resumen
La IA no es el enemigo, pero tampoco es una herramienta infalible. Si la dejas escribir sin supervisión, acabarás con textos sin alma, frases neutras y sin impacto. Y lo peor: si no entiendes cómo funciona, te será difícil notar cuándo te la está colando.
Cada vez más contenido digital está siendo generado por inteligencia artificial, y eso significa que lo que consumimos, creemos y compartimos puede estar moldeado por algoritmos sesgados, programados para repetir patrones en lugar de desafiar ideas. Si no aprendemos a usarla bien, corremos el riesgo de que la IA nos use a nosotras.
Pero esto no es una cruzada contra la tecnología. El problema no es la IA, sino cómo la utilizamos (o cómo dejamos que nos utilice). La clave está en dominarla, refinar su salida y asegurarnos de que sigue nuestras reglas, no al revés. Si sabes darle instrucciones precisas, corregir sus sesgos y revisar críticamente lo que genera, la IA puede ser una aliada en lugar de un problema.

Postdata: Generar imágenes sin sexismo en IA es otra odisea
Si has llegado hasta aquí, te cuento un dato curioso: elegir una imagen decente para este artículo ha sido casi tan difícil como hacer que la IA escriba un buen texto sin revisión humana.
Intentamos generar una imagen que representara a una IA escribiendo y a una persona supervisándola de forma activa. ¿El resultado inicial? Robots con aspecto masculino y hombres con corbata. Pedimos que la supervisora fuera una mujer. ¿Qué nos dio la IA? Ejecutivas con escotes imposibles, poses de catálogo y miradas de «sonrío pero no tengo ni idea de qué hago aquí». O peor: robots con corsé.
Después de afinar el prompt hasta niveles de desesperación, conseguimos algo decente: una imagen donde la IA no lleva escote ni gafas de postureo intelectual, y la supervisora es una mujer con ropa normal, trabajando de verdad.
Esto no es casualidad: los modelos de IA están entrenados con sesgos preexistentes que perpetúan estereotipos rancios. No es magia, es reflejo de los datos con los que han sido alimentadas.
💡 Moraleja: Si no cuestionamos lo que nos devuelve la IA, nos comeremos sus sesgos sin darnos cuenta. Igual que con los textos, la clave está en cuestionar, corregir y asegurarnos de que el resultado final tiene sentido. Porque si no lo hacemos, la IA lo hará a su manera… y ya sabemos cómo acaba eso. 😉